El Refugio Winster

Bienvenidas pequeñas criaturas!

Seré muy breve. Hace mucho tiempo que no me paso por aquí, y es que la vida es así. He estado tan ocupada en el mundo real que no he podido dedicarme al interno y maravilloso mundo imaginario.

Últimamente resonaba en  mi cabeza que debía empezar a publicar un nuevo libro aquí y en wattpad, mi otra plataforma de escritura. Así que tras varios años de escribir, os presento a mi nueva novela: Refugio Winster.

Ésta es una historia que tiene su origen hace muchos años: cuando todavía era una pequeña niña que jugaba a mil historias y ser mil personajes con sus primas y hermana, nació una historia propia hecha cortometraje casero, titulada "Territorio desconocido". Su historia me encantó y se quedo en mi cabeza, asi que cogí alguna que otra inspiración y de ella nació la que hora se titula "Refugio Winster". Una historia de misterio y suspense donde los protagonistas llegarán al límite para enfrentar a las fuerzas que envuelven este lugar.

Os dejo una pequeña sinopsis:

Frederick Prins y Harrison Par, dos amigos recién graduados, deciden embarcarse en una pequeña aventura para salir un poco de la monotonía y desconectar de la ciudad, yéndose de vacaciones a Winster, un pequeño pueblo a las afueras de Londres. Todo iba a ser perfecto, sin embargo... lo que no sabían es que se darían de bruces con un refugio abandonado en mitad del bosque y que quizá estaría encantado... o no? y que por supuesto, dicho edificio les haría peligrar sus vidas y convertirlas en pesadilla... o quizá no?

Bienvenidos al Refugio Winster.

Su habitación 214 estará lista muy pronto.

Firmado:

Enola Hamilton Prince

Pequeñas criaturas, aquí empieza:

 

CAPÍTULO 1: Planes de viaje

Londres, 18 de Octubre de 2009


Frederick Prins y Harrison Par, se encontraban en el Ace Café London a las 17:30 h de la tarde.

Se conocieron en la Universidad. Desde entonces, forjaron sus amistades y cada jueves deciden dejar sus rutinarias vidas para encontrarse, disfrutar de ellos y reírse un poco de la vida y de las suyas en particular, solo que esta vez, quedaron por un objetivo en común: planear una escapada.

Los dos se encontraban sentados en su esquina habitual del café, la muy conocida “esquina londinense del café” o así la bautizaron ellos.


Era un día bastante caluroso. Freddy y Harrison llevaban tiempo planeando vivir unas vacaciones de aventura. Al fin habían acabado la carrera de psicología y podían irse de vacaciones antes de empezar a trabajar de verdad.

Hoy era el día en el que, al fin, decidieron poner en pie sus propuestas. Lo que no sabían es que el destino el cual habían elegido, iba a ser la peor elección de su vida.


Oye Freddy, ¿por qué no me dices ya el destino que has pensado? ¿Mira

que te gusta dejarme con la intriga siempre, aunque considero que alquilar una casita en Irlanda, concretamente en Galway, sería un buen plan no? – dijo Harrison.



Harrison Par, tenía el pelo corto y pelirrojo. Sus ojos eran de un verde claro que cambiaba según la estación del año a más claro. Tenía 26 años y siempre se había caracterizado por ser el más positivo y el más aventurero. Consideraba que la vida, debe vivirse según los sueños que te propongas alcanzar, ya que solo tenemos una oportunidad para poder ser felices. Freddy decía que tenía alma de artista, pero Harrison siempre lo negaba.


Eres un exagerado tío.- contestó Frederick- Y bueno, he estado pensando, en cambiar del simple objetivo de siempre, ya sabes, playa o montaña o alquiler de casitas como dices, e irnos a otro sitio mucho más aventurero, como nos gusta a ambos.

Ese destino es Winster, ¿qué te parece?



Frederick Prins, era un chico bastante peculiar. Tenía 27 años y el cabello corto y alborotado oscuro, con los ojos azul claro y unas gafas al estilo de Harry Potter. Se caracterizaba por tener una paciencia de santo (aunque con excepciones) y una fuerza de voluntad de piedra. Sus amigos, siempre le llamaban Freddy (en especial Harrison) y siempre estaba entre libros, pero lo que más le apasionaba era leer listas de la compra, por extraño que parezca.


¿Winster?- contestó sorprendido Harrison.- ¿Y qué hay de especial allí? ¿Sabes que está muy cerca no? Menudo rollo.

¿Y qué importa eso? - dijo Freddy- no es mejor que esté cerca que a millones de kilómetros? Siempre me has dicho que querías hacer un viaje largo de carretera, simplemente por conducir. No está fuera del país ni muy lejos, es un intermedio y económico. Pues ahí lo tienes, mejor imposible - dijo riéndose Freddy.

¿En serio lo has hecho por eso? Eres un buen amigo y muy atento- le dijo Harrison devolviéndole la sonrisa.


Después de charlar durante horas y tomando café, decidieron ese destino, así que empezaron a ponerse manos a la obra para planear el viaje.

La aventura a Winster, desde Londres, iba a ser de unas tres horas aproximadamente. Pasarían por Matlock, Derbyshire y llegarían en ocho kilómetros. Todo estaba ya dispuesto. Tenían todo lo que necesitaban para sobrevivir, por lo menos esos tres días.

Con la maleta a punto, y unas ansias de aventura, se adentraron en carretera hacia Winster.







CAPÍTULO 2: BIENVENIDOS A WINSTER 


Winster, 18 de Octubre de 2009


El gran cartel que daba la bienvenida a Winster, les sorprendió de un momento a otro.

En tres horas llegaron al fin a su destino.

Recorrieron varios kilómetros en carretera, rodeada de bosque y naturaleza, hasta que encontraron la famosa aldea de Winster.

El 630, era el número de pueblerinos que habitaban en aquel lugar. Demasiado extraños, demasiado hogareños para ser un pueblo alejado de todos. Más bien debería ser lo contrario. Hostiles y desconfiados por su lejanía con la ciudad ante lo desconocido. Sin embargo, nada más bajar del coche, les dieron la bienvenida, como si les hubieran estado esperando por largo tiempo y supieran que vendrían a Winster.


¡Buenos días, señores, bienvenidos! – dijo un pueblerino. Se le veía una persona bastante peculiar, pero a la vez mundano. Lo más importante: que transmitía confianza.

Buenos días, señor… Disculpe, ¿cuál es su nombre? – le preguntó Harrison.

Henry, Henry Green.- contestó el hombre.

Pues, encantado señor Green. Mi nombre es Harrison Par, y este hombre de aquí, es mi amigo y compañero Frederick Prins.

Encantado señor Green – le dijo Frederick, saludándose cordialmente con las manos.

Igualmente chicos, encantado de conoceros y daros la bienvenida a Winster.

Veréis. Seguramente os preguntaréis ¿a qué tanta amabilidad?. La verdad es que somos tan hogareños y es un pueblo tan pequeño, que no nos queda otro remedio que hacernos familia entre vecinos viejos y nuevos por conocer. – dijo el señor Green, riéndose – Y es que normalmente no tenemos muchas visitas por este pueblo, la verdad. La mayoría termina su destino en Matlock. Por eso, nos alegramos cuando gente joven como vosotros, nos visita.

Ya veo – dijo Harrison – Entonces, no es una zona muy transitada, lo cual me parece lógico, están ustedes muy retirados de la ciudad.

Si, eso es cierto, pero por ello avisamos por el camino con antelación.

Desde luego que lo hacen. Vimos el cartel a pocos kilómetros de aquí, aunque es el único – contestó Frederick.

Siendo sinceros – dijo el señor Green – deberíamos poner más, pero la alcaldía de este pueblo considera que no hay que recurrir a gastos innecesarios con carteles de Winster. Considera este pueblo como perdido entre el bosque y especial. Así que, cuando la gente lo encuentra, es otro mundo y los hace huéspedes especiales por elegir este destino en un mapa común – dijo Henry con una gran sonrisa.


Frederick y Harrison se quedaron callados por un momento, se miraron a los ojos, pero no quisieron hacer ningún comentario a ello.


Bueno señor Henry – dijo Frederick – Deberíamos descargar maletas. Ciertamente, no nos vamos a alojar en el pueblo. Hemos venido de acampada, supongo que no hay ningún problema con ello.

Tranquilos, podéis hacer esa acampada, pero es una lástima. Tenemos un hostal muy acogedor…

Lo sentimos, pero, venimos de la ciudad y nos gustaría tranquilidad y paz entre naturaleza, no sé si lo comprende.

Si claro, por supuesto, cómo no. ¡Adelante pues, vayan y disfruten de nuestros bosques! Pero les aviso que tengan cuidado.

¿Y eso por qué lo dice? – dijo Harrison

Bueno, puede haber toda clase de animales salvajes, así que más vale que estén prevenidos.

No se preocupe, señor, sabemos cuidarnos, pero gracias por el aviso. – dijo Frederick.


Una hora más tarde, Harrison y Frederick se adentraban en el bosque de Winster.

Acostumbrados a vivir bajo el ruido de ciudad, de motores de coche y gente estresada, con el único objetivo en mente de llegar rápido y puntual al trabajo, de niños entrando al colegio y adolescentes escuchando música en los bancos del parque, aquel bosque comparado con ese caos, era el contraste de la realidad a lo que llamamos vida, un mundo aparte, así que era exactamente lo que buscaban.

Lo único que se oía eran los cantos de los pájaros, el viento acariciando las hojas de los miles de árboles enormes y verdes, que se extendían sobre nuestras cabezas y sobre todo, nuestras pisadas al caminar. Todo era calma y paz.


Oye Freddy – dijo Harrison – Que piensas sobre lo que ha dicho el señor Green de los carteles y la alcaldía? ¿No crees que es un poco extraño que no quieran darse a conocer?

No lo sé Harrison – dijo Freddy – creo que ese tema no nos incumbe, es mejor que lo dejes estar.

Venga tío, no nos oye nadie.- le dijo Harrison- no vas a decirme que cuando ha dicho lo de que no lo hace, porque “considera este pueblo como perdido entre el bosque y especial, es otro mundo”, no has pensado que quien quiera que esté al mando, ¿no está muy en sus cabales? – dijo riéndose Harrison.

Por supuesto que lo he pensado, es extraño, pero déjalo estar.- le contestó seriamente Freddy.

De acuerdo, está bien señor serio. Por cierto, ¿dónde estamos yendo?

Pues no sé, dónde nos guíe la intuición para decir: aquí acampamos!, no te parece?

Ya bueno, improvisación pura y dura, como no. Pues a buscar inspiración entonces.


Estuvieron caminando durante dos horas, hasta que encontraron, junto a un río, el lugar apropiado para acampar.


¡Estupenda elección Freddy! Sí, señor- le dijo Harrison con ironía– crees que se podrá pescar en este río?

No seas estúpido, aquí no se pueden pescar peces. ¡Si te fijas, solo se ven ranas saltando, y una de ellas serás tu como no dejes de saltar entre las piedras del río!- le dijo Freddy chillándole desde el otro extremo de tierra a Harrison.

Es cierto. Qué asco. Odio las ranas, los sapos y toda clase de bichos. Ah, sí y el agua.

¿Cuándo dejarás de quejarte? Pareces una niña mimada.- le dijo Freddy riéndose por debajo.

¿Y tú cuándo dejarás de ser tan sabiondo? Me parece que te voy a llamar Granger a partir de ahora.

Menudo friki que eres. Estamos entre la naturaleza, ¿qué esperabas? ¿Una suite de lujo en medio del bosque? Menudo espíritu aventurero…

Los dos se miraron a la vez, y empezaron a reír. Se pusieron manos a la obra para preparar la tienda de campaña.

A ver, según el manual, esto tiene que ir así…- dijo Harrison

No tienes ni idea de cómo montar una tienda? Qué triste… me estás decepcionando Par…

Anda cállate Granger y ayúdame.


Tras varios intentos, consiguieron acampar al fin. Tienda montada, hoguera y comida.

Se sentían como en casa, absolutamente genial, no hacía frío y todo estaba en continuo silencio. El cielo nocturno es todo un espectáculo. El único ruido que se podía percibir, era el del río, los seres que habitaban en el bosque y el crepitar del fuego.

No tardaron mucho en quedarse dormidos. A la mañana siguiente, empezó a llover.
















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