El Refugio Winster: El refugio, un recepcionista y el número 214
Bienvenidas pequeñas criaturas!
Después de mucho tiempo, he vuelto.
Y es que el mundo real es un lugar muy ocupado, pero ya va siendo hora de recuperar el interno y darle su merecido espacio.
Quiero publicar toda mi historia de "El Refugio Winster" para que podáis disfrutarla lo más pronto posible. Anteriormente, se publicaron dos capítulos de esta historia (los cuales espero que os hayan gustado), así que vamos a por los siguientes.
Para recordar un poco de que iba esta historia, os dejo una pequeña sinopsis:
Frederick Prins y Harrison Par, dos amigos recién graduados, deciden embarcarse en una pequeña aventura para salir un poco de la monotonía y desconectar de la ciudad, yéndose de vacaciones a Winster, un pequeño pueblo a las afueras de Londres. Todo iba a ser perfecto, sin embargo... lo que no sabían es que se darían de bruces con un refugio abandonado en mitad del bosque y que quizá estaría encantado... o no? y que por supuesto, dicho edificio les haría peligrar sus vidas y convertirlas en pesadilla... o quizá no?
Bienvenidos al Refugio Winster.
Su habitación 214 estará lista muy pronto.
Firmado:
Enola Hamilton Prince ... Si queréis saber como empieza esta historia, recordad que podéis encontrarla en mi blog. Ahora si, aquí os dejo la continuación, espero que la disfrutéis tanto como yo al escribirlo. Gracias por leerlo! Disfruta del camino. __________________________________
Las gotas de agua comenzaron a despertar a Freddy. Siempre le había gustado la lluvia, así que agradeció aquel maravilloso espectáculo, sin embargo, su compañero de viaje no opinaba lo mismo. Harrison Par odiaba la lluvia, odiaba el agua y todo lo que tuviera que ver con ella. Detestaba ese olor a húmedo de la tierra mojada y mojarse como si estuviera en una piscina de la que no pudiera salir. Freddy, decidió despertarlo.
— Harrison, despierta tío, mira esto – le dijo en susurro.
— Mmm, qué ocurre? – dijo Harrison, con voz dormida – aagh, ¡no por favor! – agarró la almohada, y escondió su cabeza bajo ella.
— Deja de hacer el tonto, quiero que mires la lluvia.
— No quiero, solo es agua tío, la odio.
— Pero que mires te digo, no es normal…
Este último comentario hizo que Harrison se levantara de un golpe.
Su amigo tenía razón…llovían enormes granizos como piedras pero con un ligero color rojizo en la superficie.
— ¿Qué crees que significa Freddy? – dijo Harrison preocupado.
— Pues te soy sincero? No tengo ni la más remota idea.
— Crees que puede existir la posibilidad de que en este sitio, se encuentre alguna causa que pueda afectar a la naturaleza?
— Tú me ves cara de biólogo Par? – contestó Frederick – Soy psicólogo tío, pero, puede ser posible. Aunque me parece poco probable, me parece un bosque muy normal. Aunque quién sabe, las apariencias engañan.
— Me voy a quedar con mi hipótesis, porque es mucho mejor que tus respuestas absurdas.
— Tu hipótesis sí que es absurda. Deberíamos movernos.
— Sí, pero mejor cuando deje de llover.
Después de dos horas, la lluvia cesó dejando a su paso una helada en el ambiente, haciendo que Par y Prins, sacarán sus chaquetas para resguardarse del frío.
Estuvieron caminando y admirando la belleza de aquel singular bosque, hasta que encontraron un edificio, a simple vista abandonado.
En cuanto se acercaron al lugar, se dieron cuenta de que era un refugio y parecía estar abierto.
Era un lugar bastante extraño, de esos sitios en los que en vez de acercarte y meterme para saber que es, mejor te vas y tomas otro camino. Pero como Harrison y Freddy habían apostado por vivir una aventura, decidieron dejarse llevar por ella, adentrándose en aquel sombrío lugar llamado REFUGIO WINSTER.
Aquel lugar era tan inhóspito como fantástico, pero a la misma vez sencillo. Estaba rodeado por todo tipo de árboles enormes y de enredaderas que llegaban a meterse por dentro de las ventanas. Todo estaba hecho un desastre. La pared de tono grisáceo, agrietada y mohosa por el tiempo que llevaba en pie, las puertas destruidas, el suelo agrietado…
Sin embargo, cuando entraron, todo eso quedó atrás.
Una enorme luz blanca los sorprendió de golpe nada más pisar el suelo del interior del refugio.
Era algo perturbador, pues aquel lugar por dentro parecía albergar vida y sobre todo, era habitable. Olía a limpio y las cortinas, enormes y rojas colgaban del techo en la entrada. El suelo encerado, la moqueta impecable y los detalles de las paredes extrañamente interesantes, pues habían colgados cuadros sin ningún dibujo en particular , tan solo el color negro relucía dentro de ellos con un dibujo de un candelabro en su centro. Era un vestíbulo exageradamente grande, a pesar de la apariencia exterior. Dos escaleras de caracol se alzaban a lo que parecía ser un piso superior y en el centro del vestíbulo se hallaba recepción, con una persona detrás del mostrador.
Frederick y Harrison, se sentían anonadados ante tal realidad. Enmudecidos y con la boca abierta inspeccionaba el terreno con los ojos. Se miraron un par de veces sorprendidos sin decir nada, hasta que al fin Harrison dijo:
— ¿A sí que…naturaleza pura eh? Creo que he encontrado la suite de lujo – le dijo a Frederick.
— Anda cállate idiota. Esto no es normal. No es posible que esto esté aquí en mitad de la nada y sea de distintas formas y dimensiones. – dijo Frederick bastante preocupado.
— Desde luego tienes toda la razón amigo. Al final va a resultar que la alcaldía estaba en lo cierto: es un bosque extraño y puede que hasta maldito. Eso o que hay droga en el ambiente – dijo Harrison maravillado.
— No digas bobadas. – le dijo Frederick dándole una colleja a Harrison.
— Está bien, está bien – dijo Harrison. – Entonces sugiero, que vayamos a preguntarle al recepcionista lo que está pasando aquí, y dejemos de tener estas caras de idiotas parados en la puerta.
— Es la mejor idea que se te ha ocurrido en todo el viaje. – le dijo Frederick
— Si, a veces me viene la inspiración.
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CAPÍTULO 4:
UN RECEPCIONISTA MUY PECULIAR
Había un hombre extraño detrás de un mostrador. Tenía una piel muy pálida para estar vivo y no debería tener más de 72 años. Unas gafas redondas muy antiguas detallaron su cara y le hacían unos ojos enormes por la graduación. Parecía no haberse dado cuenta de nuestra existencia hasta el momento en que Frederick tocó la campana.
Su mirada se posó en nosotros. Primero miró a uno y luego al otro. Hizo eso como tres veces, en silencio sin decir absolutamente nada. Hasta que de repente, como si nos hubiéramos despertado bruscamente de un sueño profundo, una voz pesada, vieja y rasgada nos sorprendió dirigiéndose a nosotros por fin.
—Buenos días jóvenes. ¿En qué puedo ayudarles? – dijo aquel hombre con una voz rasgada.
— Buenos días señor – contestó Frederick. – Mire, en realidad, estábamos de excursión por este bosque y nos hemos encontrado de pronto con este sitio tan… peculiar
— Ya veo – dijo el hombre. – ¿Por cómo van vestidos diría que no son de Winster, sino de ciudad, me equivoco?
— No se equivoca señor, ha dado usted en el clavo – contestó Harrison.
— ¿En el clavo? ¿Qué quiere decir?
— Pues eso, que ha dado justo donde era, que lo ha acertado, que…
— Harrison, es clavo no calvo idiota y cállate – le cortó Frederick. – Discúlpelo es un poco especial.
— ¿Perdona? – dijo Harrison.
— Entiendo. Ya sé a qué se refiere. – dijo el hombre quitándole importancia. – Bueno, pues deberían tener cuidado por estos lares, uno no sabe dónde puede caer muerto por aquí.
— ¿Disculpe, ha dicho caer muerto? ¿Qué quiere decir? – dijo Frederick.
— Oh – dijo el señor con una risa baja – ¿He dicho muerto? Quería decir que uno no sabe qué le puede deparar por aquí. – le sonrió el viejo.
Frederick y Harrison se miraron nerviosamente por un momento y decidieron dejarlo estar.
— Ya, por supuesto, pero disculpe, ¿quién es usted? ¿Qué es este sitio y cómo explica su interior comparado con el exterior? — dijo Frederick.
— Menos mal que lo preguntas, Frederick — le dijo Harrison por lo bajo — Hace rato deberíamos haberle hecho esa pregunta.
— Cállate, pesado — dijo Frederick.
— ¿Qué, qué es este sitio? — contestó el viejo mirando a su alrededor — Bueno, pues un refugio. Sí, un refugio camuflado en el bosque.
— Lo dice como si no supiera dónde está — dijo Harrison.
— Bueno, la verdad es que llevo tantos años aquí que me parece mi propia casa. Se me olvida lo que es y dónde estoy en realidad.
— Ha dicho, ¿camuflada, verdad? — dijo Frederick — Eso explica la aparente diferencia entre el interior y su exterior, supongo.
— Supongo — dijo el viejo mirándole a los ojos — pero la verdad es que no sé cuál es su diferencia.
— ¡¿Cómo que no?! — gritó Harrison — Me parece que necesita ponerse otras gafas.
— Es usted un poco impertinente, joven — le dijo el señor.
— Oiga, yo no le he insultado — dijo Harrison — es más, le voy a decir una cosa…
— Harrison, ¿quieres dejar de comportarte como un crío? ¿Qué diablos te pasa? Compórtate, tío.
— Bueno, supongo que querrán una habitación para descansar, ¿no? — les preguntó el hombre.
— Pues… la verdad es que no. Ya le he dicho que solo nos hemos topado con este sitio y queríamos saber qué era, pero no tenemos intención de quedarnos, ¿verdad, Harrison?
— ¿Y por qué no, tío? — le contestó este — A mí personalmente me parece una idea perfecta. Así no tengo que dormir rodeado de bichos ni pasar frío. ¿Tendrán calefacción, supongo, no?
— Por supuesto. Pero deberán alquilarla — le contestó el hombre.
— ¿Disculpe? ¿Alquilarla? ¿El qué?
— La calefacción, joven. Aquí tiramos de estufas de leña. No somos tan modernos.
— ¿En serio me está diciendo que tenemos que pagar una estufa?
— Exacto — dijo el hombre muy serio — Pero cuidado, no vayan a quemar las cortinas. Hay gente muy torpe en el mundo. No queremos cargar con otro muerto.
— Usted y este sitio son muy extraños, ¿se ha dado cuenta de eso alguna vez? — le dijo Harrison.
— ¡Harrison! — le gritó Frederick — ¿Has perdido la educación de repente o qué? Discúlpate ahora mismo con este pobre hombre.
— No, no, no se preocupe, señor Frederick, no pasa nada. Sé que estoy mayor y a veces desvarío. Por favor, ignoren mi último comentario. En fin, ¿quieren una habitación y calefacción? Si no lo van a coger, por favor, váyanse pronto de aquí.
Salieron del refugio. Frederick llevaba del brazo a Harrison. Lo empujo y lo sentó de un golpe en una piedra.
Harrison se quedó mirándole un segundo. Hasta que dijo:
Frederick se quedó mirando a Harrison por un segundo.
Frederick se quedo mirando al suelo y pensando unos minutos. Al final asintió.
— Si si si. Palabra. – le dijo Harrison, poniendo una mano en el pecho y alzando la otra en señal de juramento.
—¿Seguro?
—¿Quieres el cruce de pulgar para prometerlo mejor? ¿Cómo en los viejos tiempos? ¿Así te calmas un poco y te quedas más tranquilo?
— De acuerdo. Pero es con el meñique idiota.
— Ah claro, cierto – dijo Harrison.
Los dos se rieron y cruzaron los meñiques de la mano al mismo tiempo.
Entraron de nuevo al refugio y vieron a aquel hombre mirándolos fijamente, como si lo hubiera estado haciendo todo el tiempo. De igual modo, decidieron ignorar esa postura y le dijeron:
Este le metió un codazo.
La llave parecía vieja y oxidada. Llevaba una tarjeta blanca que colgaba como llavero.
En la superficie de la tarjeta, había unas letras escritas que decían:
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“Bienvenidos al Refugio Winster. Su número de aposento es el 214.
Disfruten de su estancia…”
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Se produjo un silencio incómodo. Harrison y Freddy se quedaron mirando al hombre a los ojos, hasta que uno de ellos dijo:
El hombre siguió mirándolo en silencio, dando por zanjado este tema. Sin embargo, esa actitud no hacía más que irritar a Harrison.
De nuevo se hizo el silencio, hasta que uno de ellos dijo:
Freddy y Harrison volvieron a mirarse de nuevo. Prefirieron no hacer ningún comentario
sobre eso y dejar de insistir.
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CAPÍTULO 5:
LA HABITACIÓN 214
WINSTER, 19 DE OCTUBRE DE 2009
Caminaban detrás de aquel hombre, observando a su alrededor aquel lugar tan peculiar. Nunca habían visto algo parecido. Subiendo las escaleras de caracol, hacia la izquierda se encontraba su habitación.
— Muy bien señores. – dijo el hombre – Aquí es. Aposento 214 o habitación, como prefieran llamarle – dijo riéndose por lo bajo y meneando la cabeza - Por cierto. Un par de cosas antes de dejarles descansar. – dijo de repente muy serio. - Encontraran un teléfono al lado de cada mesita. Si por cualquier problema necesitaran contactar con recepción no tienen más que llamar al número que encontraran ya al lado del teléfono. Vendrán en 15 minutos a organizarles la habitación. Podrán esperar aquí mismo a que terminen, hay una sala común. También he de avisarles de que volverán a pasar por la mañana a la hora del desayuno, es decir a las 8. Les ruego por favor que dejen la habitación lo más pronto posible, así pueden hacer bien su trabajo – dijo sonriendo. – Bien, creo que no me dejo nada más. Cualquier duda ya saben donde encontrarme o llamarme. ¿Aunque bueno, alguna pregunta caballeros?
Freddy y Harrison se quedaron en silencio y observándolo durante todo su discurso, sin decir nada. Hasta que uno de ellos abrió la boca y dijo:
— Si, yo tengo una. – dijo Freddy. – La estancia incluía el desayuno?
El hombre le miro muy serio y de repente cambio su expresión a sonreír muy amablemente.
— Por favor señor, no se preocupe por eso. Por supuesto que está incluido, siempre. ¿Desde cuándo un desayuno no está incluido? Somo un refugio, aqui siempre servimos el desayuno.
— ¿Disculpe señor – dijo Harrison – Aquella puerta del fondo del pasillo es diferente a las demás, a que se debe?
Era una puerta muy peculiar, pues a diferencia de las demás, oscuras y de madera, esta tenia un tono marfil y un diseño distinto.
El hombre se quedó serio y callado por unos segundos hasta que dijo mirando aquella puerta fijamente:
—¿Sabe? Por extraño que le parezca, ya me lo imaginaba – dijo Harrison.
De un momento a otro, les volvió a mirar a los dos y sonrió. Acto seguido, se fue escaleras abajo, dejándolos en mitad del pasillo, delante del aposento 214.
Una vez dentro, se quedaron atónitos con lo que vieron:
Las paredes eran de un color rojo oscuro, haciendo contraste con las paredes tan blancas del resto del refugio. En mitad de la habitación, había unos pilares de mármol que sostenían el techo. Entre ellos, una cama de matrimonio antigua de madera. El suelo de un color salmón que reflejaba la luz de los candelabros que colgaban del techo y para el fondo de la habitación, la ventana, con unas cortinas negras transparentes. Pero lo mejor de todo, era la mesita con una botella de cristal de coñac.
—¡¡¡No tío!!! – le corto Harrison. – Me refiero al coñac que hay en esa mesita! Menudo lujo.
Freddy se le quedó mirando expectante. Levantando una ceja y mirándolo de arriba a abajo le dijo:
—¿Y desde cuando no lo somos? – le dijo Harrison con una sonrisa.
Los dos se miraron y comenzaron a reírse.
Tras unas horas de búsqueda sobre el lugar, lo único que encontraron fue que en Winster hace muchos años, hubo un cruel asesinato a una familia por parte de la madre y esta misma escapó. Al parecer, todo apunta a que tenía problemas mentales.
Continuará…





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