Una mujer hermosa, una cena muy abundante y un despacho inquietante...

 Bienvenidas pequeñas criaturas!

Espero que vaya todo bien!

Antes que nada, quería comentaros que actualmente estoy en proceso de escribir una nueva historia totalmente diferente a lo que suelo escribir, pues me gustaría probar a explorar dentro del género literario del romance. Los que me conocen y tú pequeña criatura, si me sigues desde hace tiempo, sabéis que siempre me muevo entre el terror y la fantasía. Sin embargo, es bueno abrir nuevos horizontes y en la literatura eso es tener vía libre para volar por miles de mundos. 

Pero eso todavía está a años luz de nacer.

Hoy vuelvo a Writing My Sunset para seguir con la aventura de Frederick y Harrison en este extraño refugio, en Winster.

Anteriormente, como ya sabéis. se publicaron tres capítulos de esta historia, así que vamos a por los siguientes. Recordad que siempre vais a poder empezar a leer El refugio Winster en entradas anteriores del blog y que cada semana, o esa es la intención, publicaré tres capítulos más hasta su final. 

Espero que la disfrutes muchísimo mi querido lector y si quieres, me lo hagas saber en comentarios! 

Nada más, pues te dejo leer la continuación de...El refugio Winster.

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CAPÍTULO 6: ENOLA HAMILTON PRINCE


WINSTER, 19 DE OCTUBRE DE 2009

Freddy aprovechó para dar un paseo por el refugio mientras su amigo se quedó dormido plácidamente en la cama. 
Por mucho que buscaron, no encontraron nada sobre el Refugio Winster, ni siquiera por internet. Había poca cobertura y no lograban encontrar buena señal. Era algo lógico, pues el refugio estaba en mitad de un bosque, por lo tanto no podían pedir mucho. Sin embargo a Freddy le molestaba esa idea. Un lugar tan hermoso y bien cuidado por dentro y tan desolado y sucio desde fuera. “Es extraño y contradictorio” pensó Freddy. Lo mismo ocurría con la información e ubicación del lugar. Por más que lo negara, estaba preocupado por la decisión que habían tomado con respecto a quedarse en este lugar. Iba en contra de su sentido común, aún así, ahí estaba. 
Caminando por los pasillos, se dio cuenta de cada detalle: la moqueta de un color rojo como la sangre cubría todo el suelo, las paredes sin embargo eran de madera oscura. El techo estaba pintado de blanco, como el resto del lugar, aunque tenían un suave tono salmón. Eran unos pasillos enormes, llenos de cuadros extraños. Freddy se dio cuenta de algo “ Donde se han visto cuadros colgados con un simple fondo negro y un candelabro en el centro? “ pensó. 
Siguió caminando y encontró un tablón en el que habían colgados muchos folletos de actividades para hacer en Winster: anuncios, espectáculos, lugares que visitar e incluso escondidos detrás de todos estos, folletos con información sobre hospitales psiquiátricos. 
Freddy se acercó más para leerlo, pues sintió curiosidad por esto último.
 “¿Qué pintan esa clase de folletos en un refugio en mitad del bosque?” Pensó. Pudo observar algunos hospitales de Inglaterra y de todo el mundo, entre los que conocía se encontraban el Hospital Real de Bethlem en Londres (Reino Unido), el Cygnet Hospital Derby en Derby (Reino Unido), el Hospital St. Brendan en Dublín  (Irlanda), el Centro Psiquiátrico Kings Park Wilson en Vancouver (Canadá) y habían muchos otros más que no reconoció. Freddy era psicólogo y conocía muy bien este tipo de hospitales, pero el que más le atraía era el de Kings Park Wilson, Canadá. Tenía muy buenas críticas actualmente a pesar de la mala fama que tuvo por su anterior director y por el poco tiempo que lleva en funcionamiento. Freddy recordó que antes de querer ser psicólogo, prefería ser psiquiatra, siempre le había llamado la atención, sin embargo escogió quedarse donde está. 


Decidió continuar paseando, quedándose pensando en ese tablón.

Los pasillos eran muy anchos, con luces de araña colgadas en el techo. Según la planta, iba ya por el número de habitación 312. Hasta el momento todo había permanecido en continuo silencio, hasta que por fin, se topó con una de las trabajadoras del refugio. Era joven e iba vestida como las sirvientas de antaño: vestido negro largo con un delantal blanco y una especie de corona blanca en la cabeza, con el pelo recogido en un moño. Llevaba unas sábanas blancas en las manos. Se quedó mirándolo desde lejos, sin moverse y sin decir nada. Pasados unos segundos se fue corriendo en dirección opuesta a Freddy. Este se quedó quieto esperando a ver si volvía a aparecer, pero no ocurrió absolutamente nada. Ni siquiera se escuchaba ni un solo ruido. La verdad es que tanta tranquilidad, le ponía nervioso. De un momento a otro, volvió a aparecer la mujer. Esta se le quedó mirando desde lejos de nuevo, muy seria y mirándole a los ojos hasta que empezó a caminar hacia él muy deprisa. Freddy se quedó paralizado por su comportamiento y cuando esta mujer se quedó frente a frente a él le dijo:

- Buenas tardes señor Frederick Prins, ¿en qué puedo servirle? - dijo la mujer con una voz muy fina y sonriendo.
- Bu...buenas tardes señorita. - contestó Freddy un poco nervioso y asustado. - No necesito nada, discúlpeme, solo paseaba por el refugio un poco. Ya sabe, para estirar las piernas y todo eso.
-Claro, entiendo señor. - le dijo la chica. - Disculpe si lo he puesto nervioso. Es que no lo esperaba por aquí. 
- No, claro, por supuesto. La culpa es mía por ser tan curioso supongo. Es que como apenas hay cobertura e internet aquí pues me mata la curiosidad de este lugar - le dijo Freddy riéndose nervioso.
- Claro, entiendo señor. Bueno, siempre puede ir a la biblioteca de abajo a leer o relajarse. Eso de internet no funciona muy bien aquí, tengo entendido.
- ¿Eso de internet? No es muy dada a ello por lo que veo ¿no? 
- Ciertamente no mucho señor. Lo siento. - dijo la chica. Se quedó por unos segundos callada, mirando al suelo, sin saber qué más decir.
-Disculpe señorita, ¿está bien? Me da la impresión de que está usted muy atareada, verdad? 
-Si, si si claro eso es. Estoy muy atareada. Disculpe, tengo que seguir haciendo mi trabajo. - dijo nerviosa.
- Una última cosa señorita. - le preguntó Freddy.
- Dígame.
-  ¿Cómo me ha llamado antes?
- Pues supongo que por su nombre, Frederick Prins. ¿Por qué lo pregunta señor? Acaso, no es ese su nombre?.
Frederick se quedó inquieto. No recordaba en absoluto que le hubiera dicho el nombre completo al recepcionista. 
Por supuesto sí, ese es mi nombre. Solo que, bueno...no recuerdo habérselo dicho al recepcionista.
La mujer se quedó muy seria mirándolo. Hasta que sonrió y le dijo:
- No se preocupe, seguramente sí que lo dijo, ya que para poder obtener habitación debieron dar su documentación al llegar. Quizás no se acordará de haberlo hecho no? - le dijo riéndose.
- ¡Claro! Si, seguro que es eso - dijo Freddy riéndose también, aunque una parte de él quería comprobar si eso era cierto.
- Bien pues si eso es todo, me retiro señor. Buenas tardes. 
La mujer volvió por donde había venido antes sin dejar despedirse a Freddy y este se quedó en silencio, en mitad del pasillo, pensando en lo que le acababa de suceder. 
“Qué demonios le pasa a esta mujer? ¿Qué ha sido todo eso?” pensó para sí mismo.

Regresó a la habitación 214, donde supuestamente había dejado a su amigo dormido, pero al llegar, se dio cuenta de que no estaba.

- ¿Harrison? Harrison estás aquí? - dijo preocupado. - ¿Hola?

No contestaba nadie, así que optó por mirar en el baño de la habitación. 
Era un baño muy lujoso, con una bañera enorme en el centro, un sanitario en la pared del fondo y un lavabo al lado de este. Todos tenían un color marfil, pero la habitación era completamente roja, incluyendo las paredes. Tenía un cierto aire tétrico la verdad. “Creo que me va a costar bañarme en este cuarto, ¿Quién puñetas es el arquitecto y pintor de este sitio?” pensó para sí mismo. Entonces escuchó un ruido. Creyó que había sido Harrison, pero sin embargo seguía sin haber nadie allí. Se dirigió a la mesita donde se encontraba la botella de coñac que casi se había bebido Harrison. La cogió y pensó: "Con todo este coñac, no habrá podido irse muy lejos”.

- Que tenías ganas de probarlo Freddy? - dijo Harrison riendo.
- AH! - Freddy se asustó y tiró la botella al suelo, manchando lo.
- Joder Frederick!!! - le gritó Harrison - Has echado a perder la botella tio!!!
- Cállate idiota!  Si no hubieras aparecido asi de repente, no me habria asustado joder!
- Bueno cálmate anda, no pasa nada. Llamamos al servicio y ya está.
- No. - dijo Freddy - no llames al servicio, ya lo recojo yo.
- Como quieras amigo, pero eso pinta a que quedara una mancha, no es mejor que...
- Que no Harrison!! Que lo limpio yo que no es para tanto. Por cierto, dónde estabas?
- Había ido a pasear un poco por esta planta. ¿Se puede saber qué te pasa? 
- A mi? Nada, ¿por qué?
- No sé, te noto algo alterado.
- Pues la verdad es que sí. Estoy un poco alterado y preocupado. Este lugar cada vez me produce menos confianza.
- Y eso por qué? ¿ Has visto algún fantasma? - dijo Harrison riendo
- Pues no idiota. Pero me ha pasado algo extraño.
- Vaya, ahora me tienes intrigado. ¿Qué te ha pasado?
- Harrison, tú recuerdas haberle dicho al recepcionista nuestros nombres completos?
- Nuestros nombres? Pues ahora que lo dices, la verdad es que no. 
- Lo sabía. - dijo Freddy muy serio - entonces me preocupo más todavía.
- Pero qué pasa? ¿Me lo cuentas?

Fredy le explicó lo que vio sobre hospitales psiquiátricos en el tablón de anuncios y también lo ocurrido con la sirvienta. Harrison también se quedó preocupado al escuchar lo sucedido.

- Pues tenías razón en estar preocupado Freddy. Eso es muy raro y no solo que sepan tu nombre, es el comportamiento de esa mujer. Me da mal rollo.
- Quizá ha sido paranoia mía o algo, pero me daba la sensación de que se ha visto pillada y ha intentado disimular.
- ¿Tú crees? Igual es así de rara y ya está. O quizá le gustas y se ha puesto nerviosa.

Freddy fulminó con la mirada a su amigo tras ése comentario.

-  ¿Sabes que? - dijo Harrison - Propongo ir a hablar con el recepcionista para ver cómo es que sabe tu nombre completo si no dimos ni la documentación.
Si, me parece buena idea Harrison, vayamos.

Alguien picó la puerta. 

- Buenas tardes señores, ¿se puede?  - dijo una voz.

Frederick y Harrison se miraron y este fue a abrir la puerta. Se quedó embobado con la persona que había tras la puerta.

Era una mujer joven preciosa. Estaba muy bien vestida. Tenía el pelo largo y oscuro con una piel pálida y unos ojos azules zafiro. Llevaba una chaqueta roja con botones de oro que combinaba con unas uñas pintadas del mismo color. Debajo se podía ver una camiseta negra sin tirantes. Llevaba una falda gris apretada hasta las rodillas con rayas blancas y unos zapatos de tacón negros. Al abrir les sonrió y les dijo:

- Buenas noches caballeros - dijo sonriendo - Bienvenidos al Refugio Winster. Me llamo Enola Hamilton Prince, la directora de este lugar y la alcaldesa de Winster. 
Encantada de conocerles.






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CAPÍTULO 7: 
LA CENA



WINSTER, 19 DE OCTUBRE DE 2009

Había un hombre extraño detrás de un mostrador. Tenía una piel muy pálida para estar vivo y no debería tener más de 72 años. Unas gafas redondas muy antiguas detallaron su cara y le hacían unos ojos enormes por la graduación. Parecía no haberse dado cuenta de nuestra existencia hasta el momento en que Frederick tocó la campana. 

Su mirada se posó en nosotros. Primero miró a uno y luego al otro. Hizo eso como tres veces, en silencio sin decir absolutamente nada. Hasta que de repente, como si nos hubiéramos despertado bruscamente de un sueño profundo, una voz pesada, vieja y rasgada nos sorprendió dirigiéndose a nosotros por fin.


Harrison se quedó sin palabras al ver a esa mujer. Pasaron unos segundos en silencio. Sin embargo, algo en su mente le dijo que dejara de mirar boquiabierto y empezara a utilizar las palabras.

- Bu-bu-buenas noches señora, o señorita? - dijo Harrison un poco nervioso. 
- Puede decirme señora, no se preocupe. - le contestó la mujer con una voz suave y segura.
- Claro. Disculpe que parezca un idiota ahora mismo, pero no imaginaba tropezarme con una mujer tan bonita - dijo Harrison riéndose nervioso y sonrojado.
- Gracias por su halago. - dijo sonrojada - señor...disculpe, con quien tengo el placer?
- Ah claro, por supuesto, yo soy Harrison Par, encantado de conocerla. Y este hombre de aquí es mi amigo y compañero de universidad el señor Frederick Prins. 
Frederick se acercó a ellos y le tendió la mano a la mujer.
- Encantado señora... Hamilton? - dijo Freddy
- Sí, pero por favor, llamenme Enola. No hacen falta tantos formalismos, tranquilos. - dijo la mujer para suavizar la situación.
- Bien, de acuerdo. - dijo Freddy - y bueno, ¿qué desea de nosotros? 
- A ustedes claro. - dijo sonriendo.
Freddy y Harrison se miraron y se quedaron mudos. No sabían si pensar bien o mal tras esa respuesta.

-Oh por favor, no me mal interpreten! - dijo corrigiendo se. - Quiero decir que lo que deseo es ustedes porque acaban de llegar al refugio y bueno, siempre me gusta conocer a los nuevos huéspedes con una bienvenida. Una pequeña reunión para cenar y así conocerlos mejor. Claro está si ustedes no tienen inconveniente. Si no lo desean no hay ningún problema, no tienen por qué hacerlo. Simplemente es una iniciativa mía para poder socializar un poco más, ya que en este lugar estamos tan apartados, está bien conocer cómo está el mundo y la gente.

- ¡Por supuesto! Si si si - dijo Harrison - por un momento la habíamos malinterpretado, ¿verdad Freddy? - le dijo riendo de nuevo y dándole un codazo a este.
- Si si, la verdad es que ha sido una respuesta tan inesperada como su presencia detrás de nuestra puerta.
Harrison le miró frunciendo el ceño y Freddy le contestó arqueando los hombros.

-Los entiendo. Disculpenme. Pero la verdad ahora que lo mencionan, iban a salir de la habitación no? Los he interrumpido, no era mi intención - dijo sonrojándose.
- ¡No! ¡No , por favor! No se disculpe, sólo faltaría - dijeron los dos a la vez. 
- Lo que sucede señora Enola - dijo Freddy - es que queríamos bajar a recepción por algo que nos ha intrigado y nos ha parecido extraño. Pero seguro que usted nos lo puede resolver.
Enola se quedó callada por un momento y dijo:
- Por supuesto, para eso estoy, díganme qué ha ocurrido?


- Verá, es que nos ha resultado extraño que una empleada supiera mi nombre completo cuando en realidad, no recordamos haber dado documentación completa al recepcionista para que puedan saberlo. ¿Podría decirnos cómo es posible esto? 
- Cielos...lo lamento muchísimo. - dijo la mujer.- Verán en un principio todo huésped debe prestarnos documentación que acredite su identidad para la reserva. Esto es un fallo muy grave por parte del señor Flin y será avisado. Sin embargo les puedo explicar con detalle este mal entendido acompañándome a la cena. Como pueden ver ya es la hora de cenar, ¿si no les importa? Además será mi forma de recompensar las molestias que les han causado mis empleados. 
Freddy y Harrison asintieron.
-Claro, sin problema - dijeron.
- De acuerdo, fantástico. Pues acompáñeme por favor. Les aseguro que les va a encantar.

Freddy y Harrison iban observando el lugar siguiendo a la señora Hamilton. Bajaron las escaleras de caracol que comunican con la entrada y hacia el fondo detrás de ellas, se encontraron con el comedor del refugio. Unas puertas enormes de madera se abrieron. Su interior era tan grande que se podrían celebrar hasta bodas. Se quedaron observándolo absolutamente todo: manteles blancos con sillas de cuero negro y de madera alrededor. Mesas redondas, de dos, individual e incluso cuadradas. Al fondo de la sala hay un pequeño escenario. Estaba claro que se celebraban cosas en este lugar y que la directora es la alcaldesa de Winster, sino todo eso no serviría de nada tenerlo sin gente que pueda disfrutar, ya que según ellos viven apartados del mundo.
El suelo de madera, las paredes de mármol negro y en cada una, habia una columna como las de las habitaciones, con la diferencia de que éstas estaban empotradas en la pared.
Parecía el comedor de un palacio tétrico, no de un refugio en mitad del bosque.

-Bueno señores, bienvenidos al comedor del Refugio Winster - dijo Enola, extendiendo los brazos y sonriendo. - ¿Qué les parece?
Los chicos no sabían qué decir, estaban un poco abrumados con la arquitectura de todo el lugar en general.
- Bueno señora Enola - dijo Freddy - la verdad es que hay muchas preguntas que me gustaría hacerle acerca de este lugar, me sorprende mucho, ¿verdad Harrison?
-Sí, sinceramente, no sé qué decir. Esto es precioso aunque tiene un toque tétrico debo añadir - dijo sonriendo amablemente.
- Comprendo. Bueno, pues ahora podrán hacerse todas las preguntas que deseen, que con mucho gusto se las contesto. No se preocupen. Sigan por aquí por favor.

Enola les condujo a una de las mesas cuadradas. Podían sentarse seis personas perfectamente, pero sólo éramos tres así que estábamos un poco lejos unos de otros.
 
- Las sillas son muy cómodas la verdad - dijo Harrison.
-Sí, yo misma las probé antes de comprarlas - dijo riendose.
Harrison le río el comentario. Freddy por alguna razón, no confíaba mucho en la señora Hamilton. Había algo en esa mujer que no le acababa de gustar. Pero desde luego no parecía un idiota hipnotizado como su compañero. “Tengo que calmarme un poco” se dijo así mismo.
- Señor Frederick, ¿se encuentra bien? 
- Em, disculpe? 
- ¿Que si está usted bien? 
- Ah! Si, si no se preocupe. Abrumado sólo eso.
- No se preocupe, está usted en un buen sitio. Ahora con la comida se calmara seguro. 

 “Eso ya lo veremos” pensó de nuevo Freddy para sí mismo.

- Estoy seguro de que hacen una comida excelente señora - le contestó. 
-Tenemos un chef estupendo. Es mi marido el señor Lambert Adams. 
- ¡No me diga!- exclamó Harrison - pues entonces habrá que probarlo todo! 
- Disfruten de todo lo que quieran, la comida del hotel viene incluida con el precio de la estancia. Supongo que estarán aquí unos días.
- No exactamente señora Hamilton - contestó Freddy - Nosotros vinimos a Winster para desconectar un poco de la ciudad de Londres y a perdernos entre la naturaleza. Simplemente que vimos este lugar,nos dio curiosidad y decidimos quedarnos una sola noche, ya que estábamos pues aprovechamos la ocasión. Pero volveremos a ir de acampada, ¿verdad Harrison?
- Sí, si, por supuesto. Sin embargo, nunca se sabe si decidimos quedarnos un día más, ¿verdad compañero? - le dijo.
Freddy se quedó mirándolo con enfado.
- Ya veremos - dijo sonriendo falsamente
- Bueno eso como deseen. Nuestras puertas están abiertas las 24 horas del día, así que si se cansan, ya saben donde encontrarnos - dijo riéndose por lo bajo. - Oh! miren, aquí llega la cena. Disfruten señores. 

De un momento a otro la mesa estaba repleta de comida:
Comida occidental, oriental, india, americana, turca, sopas, cremas...era un festín de comida. Era demasiado para tres personas e incluso si fueran dos. Era una exageración. 
- Supongo que la comida que sobre no la tiran verdad? - preguntó Harrison. - Esto es una barbaridad y mira que me encanta comer.
- Por supuesto señor Harrison. No se preocupe, sólo faltaría que no se guardase. Pero como es una ocasión especial, hemos hecho un poco de todo lo que ofrecemos. 
- Y por qué es una ocasión especial señora Hamilton? - preguntó Freddy - únicamente somos dos huéspedes nuevos más. Si hace esto siempre que viene alguien nuevo, no me imagino el gasto que le debe suponer. 

La señora Hamilton se quedó observando unos segundos antes de contestarle.

- Veo que está usted en todo señor Frederick Prins. - dijo acentuando muy bien su nombre.- Pero dado a que no somos un lugar muy conocido, no es que me vengan muchas visitas. Gracias a que soy la Alcaldesa también puedo con todo esto. Además mi marido no trabaja aquí normalmente, sino en la ciudad de Nottingham, es un gran empresario además de chef, por lo que podemos permitirnos lujos como estos cuando se requiera. Por lo tanto respondiendo a su pregunta, son ustedes una ocasión especial porque son los últimos huéspedes que hemos tenido desde hace dos meses. 
-Claro, entiendo. - dijo Freddy - A propósito ¿por qué no hay casi nada de información sobre el refugio en ningún sitio? Deberían tener folletos o revistas donde puedan anunciarse, así conseguirían más clientes.
-Tiene usted toda la razón. Me apuntaré en ese consejo señor Prins. - dijo Enola - sin embargo, la gente de mi pueblo hace todo lo posible por levantar grandes carteles para que nos puedan encontrar, pero no es suficiente, nunca lo ha sido pero en parte nos gusta este anonimato a veces. Resulta muy curioso para los viajeros y eso hace que quieran quedarse y encontrarnos. No estamos muy lejos del pueblo tampoco, por lo que estamos ligeramente conectados. Verán, este lugar es especial para mí. Fui yo la que diseñó la arquitectura del lugar y quiso dejar ese aire viejo y oscuro en la fachada exterior. Lo que hace que no desentone con el bosque, pero al entrar es otro mundo. Eso es lo que quería conseguir. La sensación de estar en el mismo lugar pero de diferente forma. Creo que es algo muy creativo e interesante cierto? - dijo sonriendo.
- Visto así sí lo es la verdad - le contestó Freddy. - Es interesante. Pero sólo por eso es especial?

-Bueno señor Prins, es especial porque vivo aquí desde pequeña. Yo vivía con mi madre en el pueblo de Winster. Pero un día vagando por el bosque encontré este lugar y me prometí construirlo algún día con esa idea. Por eso es especial. 
- Vaya, ahora entiendo. Pues la felicito porque es un lugar muy interesante y curioso. ¿Justo lo que quería usted conseguir no?  - dijo Freddy. - Por cierto, quiero preguntarle de nuevo sobre la documentación y el nombre de antes. Lo siento pero me preocupa. Ha dicho usted que nos lo explicaría.

-¡Por supuesto! Claro. No se preocupen. Verán, en primer lugar les pido disculpas en nombre de mi empleado más veterano, el señor Flin. A veces no sabe donde está metido, pero es muy bueno en su trabajo. Sin embargo, me ocuparé de él más tarde. En segundo lugar, yo fui la que informó a la gente del servicio sobre sus nombres, ya que cuando llegaron a Winster se lo comentaron a mi colega el señor Henry Green y él me lo comunicó a mi. En este pueblo las noticias vuelan. Es por eso que lo saben. Me tomé la libertad de avisarles por si un caso nos encontraban y da la casualidad de que así fue. De todas formas, la documentación es esencial.

- ¡Ahora entiendo muchas cosas la verdad! - dijo Harrison, con un muslo de pollo en la mano - Igualmente, yo quería preguntarle acerca del precio del refugio, porque no recuerdo haber pagado nada tampoco para estar aquí. 
- Ya veo que el señor Flin no ha estado muy acorde al trabajo con ustedes. En fin, que remedio. No se preocupen por eso, porque pagarán al dejar la estancia caballeros. Deberían haberlo sabido, pero de nuevo disculpen a mi empleado.
-No no, muchas gracias señora Hamilton. Ahora estamos más tranquilos, ¿verdad Freddy? 
- Si, un poco más tranquilos si, gracias señora Hamilton .- contestó Freddy aunque no muy convencido de lo que acababa de afirmar.
-Gracias a ustedes por su comprensión y por no poner el grito en el cielo por el servicio. Ya saben, cada día hay que mejorar un poco más. Bien, si no tienen más preguntas de momento, vamos a cenar, la verdad es que habiendo tanta comida en la mesa, no hay que desperdiciarla. - dijo riendo. 

Después de una hora de cena, por fin, para alegría de Harrison, llegó el postre.

- Dios mío, ¿esto es el postre? - exclamó Harrison.
- Ya les dije, que esto sería un buen banquete para una ocasión especial. Disfruten señores. -dijo Enola.

Llegaron a la mesa diez platos diferentes de postre. Todos ellos con texturas y colores diferentes. Sabores de todo tipo: vainilla, frutas del bosque, plátano, manzana, piña, coco...sabores de frutas de todo el mundo. Sólo había un único pastel de tres clases de chocolate. 

-Desde luego que disfrutaremos señora Hamilton, desde luego que sí. - dijo Harrison con los ojos muy abiertos - que aproveche!!!

Después de tres horas de conversaciones y comidas, Freddy y Harrison volvieron a su habitación. Estaban tan cansados y llenos de comida, que lo único que querían era dormir.

- Harrison, me parece que nos hemos pasado cenando. Nunca he cenado así, en mi vida. Menuda exageración. Estoy reventado, tu no? - dijo Freddy 
- Yo también...me encanta la comida pero...¿no crees que de noche es demasiado?
- Sí. En mi opinión creo que no piensan mucho en el mundo ni el hambre que tienen millones de niños. Pero en fin, si ellos dicen que lo aprovechan, será verdad.
- Pues cambiándote el tema amigo - dijo Harrison quitándose los zapatos-  me da un poco de mal rollo pensar que solo estamos tú y yo en este lugar alojados, a parte de los trabajadores. Es extraño. - dijo Harrison preocupado.
-Sí, es un lugar extraño. Creo que deberíamos irnos de este lugar a primera hora. Ya hemos tenido suficiente no?
- Ey un momento Prins. - dijo Harrison - No quieras irte tan rápido. Aunque me de mal rollito, quiero seguir explorando la verdad. Quedémonos un día más.
-Tu estás bien? Ni en broma me quedo una noche más aquí. De hecho, ¿no recuerdas la promesa de irnos si había algo extraño? Pues creo que ya vamos tarde.
-No te quito la razón. Sin embargo, no digo quedarnos otra noche más aquí, sólo un día más e irnos por la tarde. ¿Te parece? 
- Pues no, no estoy de acuerdo. Va en contra de mi sentido común. Pero en fin, no puedo discutir contigo porque siempre estamos igual. 
- Gracias Freddy, eres un buen amigo - dijo riendo Harrison.
- Ya, desde luego mejor que tú. Por cierto, qué te parece la señora Enola Hamilton Prince?
-¿Qué me parece? Pues una mujer muy interesante la verdad. A parte de su físico, creo que es más de lo que aparenta, verdad? Tiene un aire misterioso. - dijo Harrison
- Si, estoy de acuerdo. Creo que además nos oculta algo. Me da la impresión de que este lugar es más de lo que aparenta ser, aunque eso lo siento desde que entramos aquí.
-Tu crees? - le dijo Harrison, tumbandose en la cama - Por qué piensas eso?
-Bueno, me da la impresión simplemente. Es un sexto sentido supongo.
-Ya. Pues no sé qué decirte. Me está entrando un sueño terrible, ¿nos vamos a dormir? - dijo Harrison bostezando y estirándose.
-Desde luego, ya es hora. Buenas noches amigo - dijo Freddy metiéndose en la cama a su lado.
-Buenas noches Freddy, hasta mañana.





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CAPÍTULO 8:
EL DESPACHO DE ENOLA HAMILTON PRINCE


WINSTER, 20 DE OCTUBRE DE 2009


Eran las 4:00 de la madrugada cuando la señora Hamilton decidió convocar a sus empleados en una reunión de urgencia, aprovechando que los invitados dormían.
Todo el refugio se había quedado oscuro, salvo una habitación: el despacho de Enola.
Un lugar tan curioso como todo el refugio.  Un escritorio oscuro como ala de cuervo era el centro de la habitación junto a una silla de cuero roja. Había una enorme ventana blanca, en la cual caía una cortina marrón. Las paredes eran lisas, de color marfil y el suelo de madera. 
Estanterías de libros cubrían gran parte del lugar. Había un olor a perfume de jazmín y rosas y encima del escritorio, una placa con el nombre de Enola Hamilton Prince, lo cual dejaba claro el dominio del territorio.
Poco a poco fueron llegando todos los empleados. La señora estaba sentada en su silla frente al escritorio cuando todos llegaron. Se levantó al entrar el último.

- Gracias a todos por venir tan rápido.-  dijo Enola muy seria.

No había muchos empleados en el Refugio Winster: estaba el recepcionista Flin, las camareras del refugio: Marie, Dianne, Scarlett, Mildrem y Clarisse. El señor Lucas de mantenimiento y Michael el cochero.
Se pusieron en fila, uno al lado del otro, un poco nerviosos por la situación. Cuando ella los llama no es para dar ningún premio, sinó todo lo contrario. 

- Sé que en la madrugada no es momento de reunirse, pero como bien saben, no tenemos otro momento para hacerlo. Primero que todo, señor Flin, me tiene decepcionada, aunque no es la primera vez. Ya dije que no era buena idea poner a alguien como usted en recepción. ¿Cómo ha cometido tantos fallos con los chicos? ¿Es usted idiota? ¿Quieren que nos descubran? 
- No señora, lo siento.- le contestó el hombre.
- No me diga lo siento. Aquí no existe el perdón. O se hacen bien las cosas, o se van al infierno, ya lo saben. Bien, ahora explíqueme qué pasó. 
El señor Flin se quedo callado por un momento y dijo:
- Verá señora no tengo una justificación, simplemente se me olvidó pedirles la documentación y decirles lo del pago. Usted nos dijo sus nombres antes de que llegaran y no pensé en pedirles nada porque ya sabía quienes eran obviamente. 
Enola se lo quedó mirando muy fijamente hasta que le dijo:
- Ya veo que es usted un idiota sin remedio. Bien, pues señor Flin, dado que no es la primera vez de sus despistes, me temo que ya sabe dónde está la puerta para irse del Refugio. No puedo permitir más errores como estos, pueden llegar a destruir este lugar. 
- Pero señora, por favor. Déjame intentarlo una vez más.
- No. Ya me ha oído. Se acabó. Y todos ustedes saben la situación en la que se encuentran. Hicieron un pacto conmigo para que pudieran ser inmortales y servirme a cambio de vuestra vida. Así que señor Flin, vaya a la puerta de marfil y espérame allí.

Flin se calló. Miro a todos sus compañeros, les hizo un gesto de despedida y se marchó. 

Enola se sentó en su silla, cogió la caja de cigarrillos que había encima del escritorio y su mechero particular. Tardó unas cuantas caladas en volver a dirigirles la palabra, hasta que por fin dijo:

- El señor Flin no es el único que ha fallado. Una de ustedes ha cometido algo peor que él: poner nervioso a uno de nuestros huéspedes y hacerle dudar de este lugar. E incluso llamarlo por su nombre completo. Pero eso lo entiendo, yo lo comenté. Sin embargo, dado el fallo de Flin, ha sido lo peor que podía haber dicho. Para mala suerte nuestra, tuvo que ser con ese chico Frederick, que no es un idiota como su compañero. - dijo Enola dando un largo suspiro. - En fin, tengo que decir yo quien ha sido? 

Una de las empleadas dió un paso hacía delante. Agacho la cabeza y con miedo empezó a hablar:

- Fui yo señora. - su voz estaba temblorosa y no podía subir la cabeza y mirar a Enola. - Me puse muy nerviosa al verlo por el pasillo, no me lo esperaba. Y puede que actuará de forma extraña por eso. Lo lamento. 

Enola la miraba con superioridad. Nunca le había gustado esta chica. Era una estúpida niña tímida que no valía en absoluto para este trabajo ni para ninguno. Para colmo, si había algo que a Enola le molestaba más que nada, era que no la mirarán a la cara. Se levantó, fue hasta ella y puso un dedo debajo de su barbilla, obligándola a mirarla. La chica tenía lágrimas en los ojos, se notaba que su presencia imponía y eso le gustaba. Así que, dejó que volviera a mirar al suelo, sabiendo lo que había visto en sus ojos: miedo.
Se acercó a su oído y le dijo con una voz susurrada:

-Podrías haber disimulado mejor con Frederick, Dianne. Para ser una chica tan bonita, deberías haber utilizado tus encantos para desviar la conversación ¿no crees? Pero como no eres capaz ni de hacerte notar, ahora te toca irte al infierno también. No quiero más tonterías ni verte más. Me has hecho un gran favor cometiendo ese error. No te soporto niña estúpida. 

Hubo un silencio incómodo por parte de las demás empleadas. A nadie le gustaba la señora Enola. Era una mujer muy arrogante y siempre se creía superior, poderosa y más mujer que ninguna otra. No perdía la oportunidad de humillar a cualquiera y esta vez, le tocó a la pobre Dianne. 

Enola se quedó mirándola con arrogancia y le dijo:

- Dianne, ¿a qué esperas para irte con Flin a la puerta de Marfil? Ves y desaparece de mi vista niña.

Dianne corrió hacia la puerta, llorando y desapareció. Tras esto, Enola miró a las demás empleadas:

- Cómo alguna vez, vuelva a cometer semejantes errores, me veré obligada a tomar medidas todavía más drásticas de las que ya sabéis . ¿Me habéis entendido bien? El más mínimo error, y os vais también al infierno.
 
- Sí señora, entendido - dijeron todas a la vez.

Una vez se fueron todas, Enola cogió un nuevo cigarrillo y se sentó tras el escritorio.
Se quedó pensativa varios minutos hasta que algo la hizo reaccionar. Se levantó y salió de la habitación, directo hacia la puerta de marfil.







Continuará…

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